
Historia 316
Esta es la historia 316 de 450 que te contaremos sobre León
En 1989, miles de jóvenes estaban convencidos de que vivirían uno de los conciertos más importantes en la historia de León.
Black Sabbath, una de las bandas fundamentales del heavy metal, había sido anunciada para presentarse el sábado 28 de octubre en el Estadio León. Los boletos ya estaban a la venta y aficionados de distintas partes del país se preparaban para viajar a la ciudad.
Pero el concierto nunca ocurrió.
Nueve días antes de la fecha programada, la Presidencia Municipal publicó un comunicado contundente: “No hay ni habrá permiso para el concierto de rock de Black Sabbath”.
Más de tres décadas después, la cancelación sigue siendo recordada como uno de los episodios más polémicos y dolorosos en la historia del rock leonés.
León, la ciudad del rock
El León de finales de la década de los ochenta vivía una etapa de cambios.
La ciudad crecía alrededor de la industria del calzado. En las tenerías, el olor a cuero formaba parte de la vida cotidiana; en los talleres, el sonido de las máquinas de pespuntar acompañaba la jornada de miles de trabajadores.
En la radio sonaban Luis Miguel, Caifanes y Bronco, mientras el rock en español ganaba presencia. Al mismo tiempo, en barrios como El Coecillo, San Miguel y Barrio Arriba comenzaba a crecer otra escena.
Los jóvenes intercambiaban casetes grabados. Las canciones se copiaban una y otra vez en reproductoras dobles, aunque después de varias grabaciones el sonido perdiera claridad. Los nombres de Iron Maiden, Judas Priest, Metallica y Black Sabbath comenzaban a formar parte de las conversaciones.
El rock todavía no ocupaba los grandes escenarios de la ciudad, pero reunía a jóvenes que encontraban en esa música una forma de identidad.
A finales de aquella década, León comenzó a ser reconocida como una de las plazas más importantes para el rock en México.
Las bandas que llegaban desde la Ciudad de México y otras regiones encontraban una audiencia dispuesta a llenar espacios donde antes parecía difícil organizar conciertos de esa magnitud.
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El testimonio de Navarrock
Armando Navarro -Navarrock-, fotógrafo, periodista, promotor de conciertos y uno de los impulsores de la escena rockera en León, fue testigo de aquella época.
De acuerdo con su testimonio, la juventud estaba ávida de rock y la respuesta del público convirtió a León en una plaza atractiva para los grupos que buscaban presentarse fuera de la capital del país.
Los conciertos encontraron espacio en sitios como el Casino Charro, el Lienzo Charro Los Paraísos, la Concha Acústica del Parque Hidalgo, la Arena Isabel, el Club de Leones, el Salón Rotario, el Salón Lupillo’s, el Teatro Doblado, el Teatro del IMSS, la Plaza de Toros La Luz y el Estadio León.
También existían cafés y lugares donde los seguidores intercambiaban discos, noticias y grabaciones.
Sin redes sociales ni plataformas digitales, la información sobre los conciertos circulaba entre amigos, músicos, tiendas de discos y carteles pegados en las calles.
Una barda ubicada en la esquina de Emiliano Zapata y El Carro Verde se convirtió en uno de los puntos donde los jóvenes buscaban información sobre las próximas tocadas.
Conseguir una playera original de una banda era complicado. Muchas llegaban desde Estados Unidos y estaban fuera del alcance de los jóvenes, por lo que las chamarras de mezclilla se llenaban de parches, nombres pintados y logotipos hechos a mano.
La cabellera larga y la imagen del rockero todavía provocaban miradas de rechazo en una ciudad donde aquella cultura comenzaba a ganar espacios.
León ya había llenado un estadio
Antes de Black Sabbath, León había demostrado que podía recibir grandes conciertos.
En noviembre de 1988, Carlos Santana llegó al Estadio León en un espectáculo organizado por Pulstar Producciones. En el escenario también participaron Ritmo Peligroso y Kenny y los Eléctricos.
La respuesta del público fue extraordinaria.
Navarrock señala que, aunque el aforo del estadio era de aproximadamente 30 mil personas, la asistencia alcanzó alrededor de 40 mil espectadores.
El concierto se convirtió en uno de los momentos más recordados de la escena musical de la ciudad y confirmó que León contaba con un público capaz de responder ante eventos masivos.
La infraestructura, sin embargo, todavía era limitada. Visitantes de diferentes lugares del país tuvieron dificultades para encontrar hospedaje y algunos debieron buscar espacios donde pasar la noche después del concierto.
Para Pulstar Producciones, León ya había demostrado que existía público para esa clase de espectáculos. Un año después, la empresa volvería a apostar por la ciudad.
El rumor
A mediados de 1989 comenzó a circular una noticia que parecía difícil de creer: Metallica llegaría a León.
La posibilidad de ver a una de las bandas más importantes del metal en el Estadio León generó una enorme expectativa.
La empresa organizadora buscaba concretar nuevamente un evento de grandes dimensiones, pero la presentación no pudo realizarse debido a que la agrupación no tenía fechas disponibles.
El proyecto cambió de rumbo, aunque la maquinaria para organizar el concierto ya estaba en marcha.
La alternativa fue otra banda que había escrito una parte fundamental de la historia del heavy metal: Black Sabbath.

La agrupación inglesa se encontraba en una gira mundial para promocionar su álbum Headless Cross. Ozzy Osbourne ya no formaba parte del grupo y Tony Iommi permanecía como el único integrante original.
La alineación estaba integrada por Tony Iommi en la guitarra, Tony Martin en la voz, Cozy Powell en la batería, Neil Murray en el bajo y Geoff Nicholls en los teclados.
La fecha anunciada fue el sábado 28 de octubre de 1989. El escenario sería nuevamente el Estadio León.
Para muchos jóvenes leoneses, la posibilidad de escuchar en vivo a Black Sabbath parecía un sueño.
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Los boletos comenzaron a circular
La expectativa dejó de ser solamente un rumor cuando los boletos salieron a la venta.
La entrada era general y costaba 40 mil pesos de aquellos años.
El diseño incluía la imagen de un dragón relacionada con la portada del álbum Sacred Heart, de Dio, y el logotipo utilizado por Black Sabbath durante la etapa de Headless Cross.

No tenía el tradicional talón desprendible. Era una sola pieza.
Para quienes lograron comprarlo, representaba la posibilidad de ver en vivo a una banda que durante años solamente habían escuchado en discos, revistas y casetes.
De acuerdo con Navarrock, los boletos fueron puestos a la venta en la Ciudad de México, Guadalajara, Querétaro, San Luis Potosí e Irapuato.
León se preparaba para recibir uno de los conciertos más importantes de su historia.
“No hay ni habrá permiso”
El 19 de octubre de 1989, la Presidencia Municipal de León publicó un comunicado dirigido al pueblo de León y a la opinión pública del país.
El encabezado no dejaba lugar a dudas: “No hay ni habrá permiso para el concierto de rock de Black Sabbath”.

El Ayuntamiento sostuvo que el concierto generaba preocupación entre algunos sectores de la población y señaló que el grupo era considerado un “instrumento para el consumo de todo tipo de drogas”.
El documento también advertía sobre la posibilidad de actos vandálicos y desorden, además de argumentar que no existían suficientes elementos de seguridad para resguardar un evento de esa magnitud.
La administración municipal dejó clara su postura: “Jamás ha dado, ni dará permiso (…) para la presentación aquí en nuestra ciudad del Grupo Black Sabbath”.
La cancelación ocurrió en una época en la que el rock todavía cargaba con numerosos prejuicios.
Desplegado de “Gente como tú”
De acuerdo con Navarrock, además del comunicado del Ayuntamiento, comenzaron a circular desplegados en periódicos de León firmados por una organización llamada “Gente como tú”.
Según su relato, aquellos mensajes invitaban a la ciudadanía a comunicarse con el presidente municipal para solicitar que se negara el permiso.
La organización señalaba a Black Sabbath como un grupo satánico y sangriento que podía influir negativamente en los jóvenes.
Para el promotor, aquella interpretación reflejaba los prejuicios que existían hacia el rock durante esos años.
Black Sabbath es identificado como un grupo satánico y sangriento que incita a la perversión a la juventud. Perdón, pero a cómo me reía de eso”.
Los conciertos también estaban rodeados de estrictas medidas de vigilancia. No se permitía ingresar con zapatos o botas; era obligatorio utilizar tenis. También estaban prohibidos los cinturones con hebillas grandes y no había venta de alcohol dentro de las tocadas.
Aquellas restricciones reflejaban el ambiente de desconfianza que rodeaba a los jóvenes rockeros, cuya imagen y comportamiento eran observados con especial atención.
“Todo León nos alborotamos”
Para quienes esperaban el concierto, la cancelación fue un golpe inesperado.
Alejandro Rangel Brizuela, conocido en el ambiente artístico como Canano, músico y promotor de conciertos, fue uno de los jóvenes que vivieron la expectativa de aquella presentación.

Para su generación, ver a Black Sabbath en el Estadio León significaba mucho más que asistir a un concierto. Era la posibilidad de recibir en casa a una banda que había marcado la historia del heavy metal.
“No la creía, se me hacía como un sueño ver a Black Sabbath y más en el Estadio León. Todo León nos alborotamos”.
La cancelación quedó como uno de los recuerdos más dolorosos de la historia del rock en la ciudad.
Fue de lo peor que he vivido en mi vida”.
Para Canano, faltó una mayor organización entre los seguidores que esperaban el concierto.
“Faltaba que nos hubiéramos unido y le hubiéramos hecho una manifestación afuera de la presidencia; hubiera estado excelente”.
¿Una represalia?
Para Navarrock, la cancelación estuvo relacionada con un episodio ocurrido semanas antes.
El 1 de octubre de 1989, durante un evento organizado por el entonces naciente Partido de la Revolución Democrática en la Concha Acústica del Parque Hidalgo, se registró un enfrentamiento entre autoridades, asistentes y periodistas que cubrían el concierto.

Según recuerda, aquel episodio dejó una sensación de represión hacia el movimiento rockero y deterioró la relación entre los organizadores de conciertos y las autoridades.
Para él, la negativa al concierto de Black Sabbath fue una represalia por lo ocurrido en la Concha Acústica, una interpretación que forma parte de su testimonio sobre aquellos acontecimientos.
La última esperanza
Después de la negativa del Ayuntamiento de León, los organizadores buscaron una alternativa.
El concierto intentó trasladarse a San Luis Potosí. La noticia mantuvo viva la esperanza entre quienes ya tenían boleto y todavía esperaban ver a Black Sabbath durante su visita a México.
Sin embargo, la nueva presentación tampoco logró concretarse y la gira terminó sin conciertos en el país.

Black Sabbath no tocó en León ni pudo presentarse en San Luis Potosí.
El boleto que miles de seguidores esperaban utilizar quedó convertido en un recuerdo.
La noche que nunca llegó
El concierto de Black Sabbath quedó reducido a un anuncio, un boleto y un comunicado de cancelación.
El Estadio León nunca recibió a la banda inglesa, pero aquel episodio se convirtió en uno de los momentos más recordados de la historia del rock en la ciudad.
León había demostrado que tenía público, escenarios y una comunidad dispuesta a recibir grandes conciertos.
Sin embargo, una generación de aficionados se quedó con el recuerdo del día en que Black Sabbath iba a tocar en León, de una noche que fue anunciada, vendida y esperada, pero que nunca llegó.
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