
Historia 269
Esta es la historia 269 de 450 que te contaremos sobre León
A los 16 años, Sergio Ocampo pensó que su historia en el deporte había terminado.
Después de nueve años dedicado a la natación, una sinusitis detectada mientras se preparaba para una competencia le impidió volver a competir profesionalmente. Lo que parecía el final de un camino terminó convirtiéndose en el inicio de otro que, medio siglo después, lo ha llevado a formar generaciones de atletas y a convertirse en uno de los principales impulsores del taekwondo en León.

De la alberca al tatami
Nació hace 72 años en Querétaro. Junto con sus hermanos practicó natación desde los siete años y durante casi una década el agua fue parte de su vida cotidiana.
“Mi hermano mayor era del equipo A, yo del B. Yo no era tan bueno, pero me esforzaba en cada uno de mis entrenamientos. Cuando me diagnosticaron la enfermedad me dolió mucho, porque andábamos a diario durante nueve años y de repente ya no puedes”, comentó.
Mientras una puerta se cerraba, otra comenzó a abrirse.
Por curiosidad empezó a practicar taekwondo bajo la tutela de Manuel Ángel Echeverría. Durante su formación hasta obtener la cinta negra nunca fue el alumno más destacado, pero encontró en la disciplina el camino para crecer.
“Tengo las fotos de los primeros grupos con los que entrené, éramos 25 y yo creía que era el último 25. No era tan bueno como otros compañeros, pero yo logré sobresalir a través de la disciplina”, recordó.
Tres meses que se convirtieron en 50 años
Antes de graduarse como cinta negra, José Luis Torres Galindo, quien había intentado introducir el taekwondo en León, decidió abandonar la ciudad después de siete meses sin lograr despertar el interés por esta disciplina.

Fue entonces cuando invitó a Sergio Ocampo a sustituirlo durante tres meses.
Yo tenía todo en Querétaro: mi novia, trabajo, mis amigos y mi familia. Cuando José Luis me dice que si me podía ir a dar clase a León por tres meses, fui a preguntarle al director del periódico donde trabajaba para pedirle permiso. Me dijo que tenía ocho días para regresar o si no estaba despedido. Fue en ese momento que tomé la decisión y decidí irme a León a probar suerte”, relató.
Llegó en abril de 1975 y encontró una ciudad donde prácticamente nadie conocía el taekwondo.
“Cuando llegué a León dije: ‘¿Qué hice?’. Los primeros tres años fueron muy difíciles, porque nadie conocía esto. Yo tuve que abrir brecha, convencer a la gente y sacrificar muchas cosas. Todavía en el quinto año, en el 80, estuve a punto de irme. Yo lo veía difícil, pero a un buen amigo allá en Querétaro le comenté que me quería regresar. Él me dijo: ‘Si plantas un árbol, en cinco años no te dará frutos, y no por eso lo vas a cortar. Debes tener paciencia’”, recordó.
Aquellos tres meses terminaron convirtiéndose en una vida entera y marcaron el inicio del crecimiento del taekwondo en León.
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Cuando el taekwondo conquistó León
La perseverancia que mostró como atleta también dio resultados como maestro.
En 1982, con la visita de una delegación coreana a México, León vivió el primer gran auge del taekwondo. Sergio fue invitado a organizar exhibiciones y sus alumnos comenzaron a destacar a nivel nacional.
“En el 82, con el equipo coreano en la gira por México, viene el boom. Yo tuve por 10 años los mejores niños cintos negras en todo el país. En Monterrey le ganan a los regios de 8-7, en el D.F. empataron a cuatro y aquí los cuatro competidores que tenía todos se llevaron la victoria”, comentó.
Al mismo tiempo continuó compitiendo y fue ya establecido en León cuando logró proclamarse campeón nacional.
Cuando me tocó en la primera jornada me puse nervioso, porque venía él invicto hasta ese momento, aparte de toda la experiencia del mundo. Imagina, aparte, con toda la experiencia: él con 33 años y yo con 22. Ahí dije: ‘Bueno, él tiene dos manos y dos pies igual que yo. Si me gana, le va a costar mucho trabajo’. Aproveché que lo superaba en velocidad y alcance para reducirlo en los tres rounds hasta que me alzaron la mano en victoria”, relató.
Poco tiempo después decidió retirarse de la competencia para dedicarse de lleno a la enseñanza.

Cinco décadas formando campeones
Cinco décadas después, los resultados hablan por sí solos.
Su escuela suma más de 150 títulos. En 1985 obtuvo su primer campeonato nacional y hasta 2001 conquistó ese reconocimiento en 13 ocasiones.
Entre sus alumnos destaca Fernando Manríquez, ganador de la medalla de oro en el Abierto de Estados Unidos.
“Yo creo que hemos sido muy copartícipes de la vida de León en estos 50 años que hemos estado presentes, tanto en desfiles de la ciudad, exhibiciones como con el equipo de niños coreanos que vino a la ciudad en el 82, e incluso en otras disciplinas como las celebraciones del Mundial de Futbol en 1986. Pero yo creo que lo más importante que aportamos es lo que da el taekwondo en sí: valores como el respeto, la disciplina, actitudes y mentalidad de un ganador. Porque forjamos campeones en los dojos, pero no solo de la disciplina, también en su día a día”, expresó.
Hoy, después de medio siglo enseñando, Sergio Ocampo asegura que su mayor preocupación ya no son los campeonatos.
“Lo más importante ahorita para mí es que no descuiden la esencia del taekwondo, el respeto y la disciplina. Nosotros aprendemos desde pequeños a respetar al maestro. Hoy hay gente que no sabe qué es el saludo de respeto. Ese tipo de pérdidas afecta la pureza del arte marcial”, comentó.
Su historia también es la historia de cómo el taekwondo pasó de ser una disciplina prácticamente desconocida a convertirse en uno de los deportes con mayor tradición y formación de talentos en León.
DAR
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